Fischer en Tucumán (I)

fischer05Finalizado el match contra Petrosian, jugado en Buenos Aires en octubre de 1971, con el cual obtuvo el derecho de retar al campeón del mundo Boris Spassky, el norteamericano Robert «Bobby» Fischer fue contratado por el Ministerio de Bienestar Social de la Nación para que brinde una serie de simultáneas en distintas ciudades del país. La gira incluía a Rosario, Paraná, Tucumán, Buenos Aires, Resistencia, Corrientes, Salta,  Jujuy, Córdoba, San Juan, Mendoza, Neuquén, General Roca, Bahía Blanca, Balcarce, Mar del Plata y La Plata. De esta manera, nuestra provincia tuvo el honor de recibir a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Tucumán era, durante esos, días sede del Torneo Panamericano, del cual participaban los equipos representativos de Brasil, Bolivia, Chile, Cuba, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Argentina, que alineaba a sus figuras principales (Najdorf, Panno, Sanguineti, Quinteros y Schweber).

Fischer llegó a San Miguel de Tucumán el martes 9 de noviembre, el mismo día que se jugaba la última ronda del torneo e inmediatamente se dirigió a la Asociación Española a presenciar el mismo. Allí lo esperaban un grupo de periodistas. La siguiente, es la crónica de las peripecias que debieron pasar los enviados de LA GACETA intentando conseguir una ansiada entrevista, y que fue publicada en el diario el miércoles 10 de noviembre de 1971.

Un duelo digno de relato entre «Bobby» Fischer y el periodismo

LA NOTA QUE NO QUISO EL CAMPEÓN DE EE. UU., PERO QUE SE ESCRIBIÓ

La vigilia comenzó una hora antes en las puertas de la Asociación Española. La expectativa de unos cuantos (menos los periodistas, que están acostumbrados a las «rarezas» de los «niños terribles») y el calor, fueron creando un clima óptimo para recibir al «difícil» Robert James «Bobby» Fischer. Mientras tanto ya había comenzado a jugarse la postrera jornada del certamen panamericano, pero en realidad eso importaba poco. Apenas si unos cuantos quedaban en el local viendo el despliegue de piezas y las tácticas de los ocho equipos que disputaron el torneo. Afuera, hasta as niñas que salían de la escuda lo esperaban.

fischer02

Bobby Fischer firmando unos autógrafos. FOTO: LA GACETA

De pronto la conmoción: de un coche Rambler blanco aparecieron primero sus largas piernas, y luego, una rubia cabellera, ni profusa ni corta. Como una exhalación cruzó la calle, dos trancos y las escalinatas quedaron atrás. Un par de autógrafos y la irrupción en la sala de juego del torneo. Eran las 18,20 de ayer.

Apenas Diez Minutos

Su ingreso a ver las partidas produjo un rumor casi inaudible, pero que en el silencio ajedrecístico es como un grito en la soledad de los cerros. Estrechó la diestra de unos cuantos, más por compromiso que por espontaneidad. Mientras tanto nosotros esperábamos… sabíamos que quien estaba al frente no era una figura más; era un monumento al silencio y a la introversión.

Se paró frente a todos los tableros, segundos apenas para ver las tácticas y cambió luego una corta mirada en el tablero de su amigo íntimo: Miguel Angel Quinteros. Y LA GACETA lo seguía; él, mientras tanto, imperturbable. Claro, no sabía que éramos periodistas. Luego fue hasta el estrado de los jueces y fiscales y allí ya le hicimos ver una planilla de juego… Poco a poco se estrechaba el helado cerco. Nuestro «olfato» nos aconsejaba esperar para dar el «zarpazo» final.

fischer01

UN MAESTRO MIRA A OTRO MAESTRO. El irascible Fischer, en los pocos momentos que estuvo en el certamen panamericano, estudia la posición del maestro argentino Oscar Panno. Lo mismo hizo con todos los tableros, y se retiro en medio de la admiración de los amantes del ajedrez.
FOTO: LA GACETA

El Gran Escape

Fue instantáneo. Pero nuestros cinco sentidos estaban posados sobre «él». Así detectamos que ingresó al «toilette» y luego, al salir, sus ágiles piernas, casi como las de un conejo asustado, enfilaron hacia la salida. Indagamos y logramos descubrir que iba a comprar zapatos, una debilidad tan pertinaz que tiene más de medio ciento de pares, la mayoría de ellos argentinos.

¿Qué otro recurso quedaba? También nosotros compraríamos zapatos… Salió acompañado por el dirigente José Heras Abeleira, y el rumbo Inmediato fue la calle Córdoba. Allí se produjo el gran desenlace.

fischer04

Robert Fischer en el estrado del primer Torneo Panamericano, sorprendido en una actitud que poco acostumbra: sonreir. Lo hizo en medio del marco de las banderas de los países americanos, muchos de los cuales saben de su calidad y de su mal genio.

Lo de Siempre

Claro, abordamos a Fischer y el dirigente tucumano nos presentó. Ya nos ubicaba; apenas si nos dijo «bien». Lanzó una pregunta a su acompañante:

—¿Quiénes son éstos?

—Periodistas amigos, dijimos.

—Ah… está bien, pero nada de notas, respondió.

—Solamente lo acompañaremos a elegir sus compras, insistimos.

—Nada, hoy no… fuera.

—Pero no lo molestaremos, dijimos en la réplica.

—No… fuera… no.

nota_fischer

El artículo de LA GACETA del día Miércoles 10 de noviembre de 1971.

Y cruzó la calle corriendo y en la esquina 25 de Mayo y Córdoba tomó un taxi. Una seña al chofer y la esperanza de conseguirlo en calle Muñecas, mediante el ingenio del chofer del taxi. Hicimos una pequeña maratón, bajamos unos kilos, la gente nos miraba como locos, pero nos encontramos en Muñecas y San Martín. En esos momentos pensamos; Fischer será terco, pero no nos vencerá. Un par de fotos y de nuevo otro taxi. Ya tenía el saco en la mano y le divisamos una corbata verde y camisa del mismo color. Al parecer, el norteamericano está aprendiendo a vestir en nuestro país, porque cuando llegó era el primer enemigo de la moda, al decir del modisto Ante Garmaz.

El Final: Derrota

En su nuevo transporte, Fischer se acomodó; su rostro ya estaba tenso y al alejarse nos indicó que nos esperaba una «paliza». Hubiéramos deseado que se bajara. Su acompañante nos indicó «que no pasaba nada, otro día». Y claro, tendrá que ser así. Fischer se fue en auto. Nosotras apenas andábamos a pie. Se alejó por San Martin, al oeste y el punto amarillo y negro (el taxi) se perdió en medio, en la multitud de este Tucumán, moderno y comercial. Cronista y fotógrafo se miraron, y decidieron emprender el regreso. Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad iba «Bobby» con su terquedad, su mal genio, sus amenazas y su mala educación… Todo concluyó a las 19.05

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s